Tuve un sábado libre por la mañana y me habían recomendado, -en catalán- Sant Miquel del Fai, un monasterio colgando de una hueca montaña donde destacan dos cuevas que no tienen salida y su actractivo principal son unas caídas de agua de varios metros el cual una de ella la puedes observar desde atrás. Así que cogí la Crosstourer y para allí que puse rumbo.
